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Jaim Najman Bialik nació en la aldea rusa de Radi, en la
provincia de Wolinia, en 1873. Los primeros años de su infancia
se nutrieron de las bellezas naturales que entornaban a su aldea
natal. Estos primeros años impregnados de los fulgores de
la naturaleza dejarán en el futuro poeta una profunda impronta
que saldrá a relucir una y otra vez, nostálgica y
melancólicamente, en distintos poemas.
A la temprana edad de siete años perdió a su padre.
Su madre, viuda, se vio obligada a trabajar y decidió encomendar
al pequeño Jaim Najman al cuidado del abuelo paterno. El
abuelo era un hombre estudioso, pertenecía a la secta de
los Hasidim y en su casa se derramaba el espíritu de los
libros, de la reflexión y del conocimiento.
Lentamente el niño fue adaptándose a su nuevo ambiente.
La amplia y profunda sabiduría del abuelo se extendió
como un manto sobre los días de su joven nieto. El futuro
poeta se encontró así, destinado a profundizar en
las fuentes del judaísmo, a compenetrarse con las letras
hebraicas en la literatura sacra judía. Rápidamente
se destacó como una estrella promisoria. También los
"nuevos vientos" llegaron hasta él. Algunos libros
iluministas, modernos llegaron a sus manos y a su espíritu
ávido de conocimiento.
A los dieciocho años arribó a la famosa ieshivá
de Volohzyn (Lituania). A esos años de ardoroso estudio dedicará,
posteriormente, uno de sus poemas más famosos que se llamará
precisamente "El Matmid" ("El Constante").
Luego dejó la ieshivá y partió hacia Odesa,
un gran centro cultural y cuna del iluminismo judío de aquel
tiempo.
En 1924, Bialik se trasladó a Eretz Israel donde trabajó
compilando obras educativas. Más tarde, encontrandose enfermo,
se trasladó a Viena, donde falleció en 1934. Sus restos
fueron conducidos y enterrados en el viejo cementerio de la ciudad
de Tel Aviv, en Israel.
Hoy en día, se puede visitar su casa que fue transformada
en museo.
Entre otras obras maestras europeas tradujo al hebreo "Don
Quijote de la Mancha", "William Tell", "Julius
Caesar" y "Ha-Dibuk". En su extensa recopilación
de leyendas talmúdicas, entre los años 1908 y 1911,
editó "Séfer Ha-Agadá".
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